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El paisaje, como representación de la
naturaleza, es una construcción de la imaginación
que va conformando paulatinamente una memoria, y constituye
una biografía de cada país, en continua mutación.
El espíritu científico en el
siglo XIX abrió los caminos, para que el ser humano
explorara las diferentes regiones que conforman la América
del Norte y se ha visto reflejado en diferentes facetas entre
ellas: la exploración geográfica, la arqueológica
y la etnográfica.
En el siglo XX el prestigio del paisaje como
mecanismo de representación perdió el aura que
lo rodeaba como género, sin embargo se traslapa con
otros géneros por lo que su definición es más
laxa.
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